¿Por que lloras?

tristeza

Será porque te sientes solo? O te sientes menos que los demás? Será acaso que piensas que nadie te quiere? Que nadie te hace caso? Que tus padres te regañan? O es que tienes problemas? Déjame decirte que no encontraras las respuestas a esas preguntas fuera de ti. Busca dentro de tú corazón y ahí encontraras una pequeña luz, en algunos casos estará casi por extinguirse, en otros todavía tiene un poco de fuerza, pero de ninguna manera puede estar apagada. Esa luz es la fe, la fe que tienes en ti mismo, esa luz es fuerza, es esperanza, es amor… Esa luz es Jesús que te invita a que tomes su mano y te decidas de una vez por todas a vivir, a luchar, a ser mejor cada día. O acaso crees que lo que tienes hoy en día es vida? Si siempre estas pensando en el que dirán de ti. El propósito de nuestra vida es ser feliz, y si vives preocupado por cosas inútiles nunca lo serás. Además que es lo que te preocupa si tú eres joven y tienes toda una vida por delante, vívela de la mejor manera posible, y ya no te preocupes por nada, mejor ocúpate en ser feliz y en hacer feliz a los que te rodean, comenzando por tus padres y hermanos, tus amigos, pero por sobre todo por ti.

Recuerda que tú eres la creación más preciosa del universo, la creación perfecta de Dios, y nada ni nadie debe de cambiar eso.

SE FELIZ Y DALE LA MANO A JESUS PARA QUE TE GUIE EN EL CAMINO DE LA VIDA!!!!!!!!!!!

El León enamorado de la hija del Labrador

leon

Se había enamorado un león de la hija de un labrador y la pidió en matrimonio.

Y no podía el labrador decidirse a dar su hija a tan feroz animal, ni negársela por el temor que le inspiraba.

Entonces ideó lo siguiente. Como el león no dejaba de insistirle, le dijo que le parecía digno para ser esposo de su hija, pero que al menos debería cumplir con la siguiente condición: que se arrancara los dientes y se cortara sus uñas, porque eso era lo que atemorizaba a su hija.

El león aceptó los sacrificios porque en verdad la amaba.

Una vez que el león cumplió lo solicitado, cuando volvió a presentarse ya sin sus poderes, el labrador lleno de desprecio por él, lo despidió sin piedad a golpes.

Nunca te fíes demasiado como para despojarte de tus propias defensas, pues fácilmente serás vencido por los que antes te respetaban.

Fábula de Esopo
Fuente: www.edyd.com

Las rosas para Dios

 

 

“Pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él, que sea Él quien viva y quien actúe en mí.  Siento qu cuanto más abrase mi corazón el fuego del amor, con mayor fuerza diré: ‘Atráeme’ (Obras Completas, Ms C  36r°, pág 325).

“No desprecio los pensamientos profundos que alimentan el alma y la unen a Dios. Pero hace mucho tiempo ya que he comprendido que el alma no debe apoyarse en ellos, ni hacer consistir la perfección en recibir muchas iluminaciones. Los pensamientos más hermosos no son nada sin las obras” (Obras Completas Ms C 19v°, pág. 299) 

El disfraz de Jesús


El abad de un monasterio se hallaba muy preocupado. Años atrás, su monasterio había visto tiempos de esplendor. Sus celdas habían estado repletas de jóvenes novicios y en la capilla resonaba el canto armonioso de sus monjes. Pero habían llegado malos tiempos: la gente ya no acudía al monasterio a alimentar su espíritu. La avalancha de jóvenes candidatos había cesado y la capilla se hallaba silenciosa. Sólo quedaban unos pocos monjes que cumplían triste y rutinariamente sus obligaciones.

Un día, decidió pedir consejo, y acudió a un anciano obispo que tenía fama de ser hombre muy sabio en su avanzada edad. Emprendió el viaje, y días después se encontró frente al buen hombre. Le planteó la situación y le preguntó: “¿A qué se debe esta triste situación? ¿Hemos cometido acaso algún pecado?”. A lo que el anciano obispo respondió: “Sí. Han cometido un pecado de ignorancia. El mismo Señor Jesucristo se ha disfrazado y está viviendo en medio de ustedes, y ustedes no lo saben”. Y no dijo más.

El abad se retiró y emprendió el camino de regreso a su monasterio. Durante el viaje sentía como si el corazón se le saliese del pecho. ¡No podía creerlo! ¡El mismísimo Hijo de Dios estaba viviendo ahí en medio de sus monjes! ¿Cómo no había sido capaz de reconocerle? ¿Sería el hermano sacristán? ¿Tal vez el hermano cocinero? ¿O el hermano administrador? ¡No, el no! Por desgracia, él tenía demasiados defectos… Pero el anciano obispo había dicho que se había “disfrazado”. ¿No serían acaso aquellos defectos parte de su disfraz? Bien mirado, todos en el convento tenían defectos… ¡y uno de ellos tenía que ser Jesucristo!

Cuando llegó al monasterio, reunió a sus monjes y les contó lo que había averiguado. Los monjes se miraban incrédulos unos a otros. ¿Jesucristo… aquí? ¡Increíble! Claro que si estaba disfrazado…. Entonces, tal vez… Podría ser Fulano.. ¿O Mengano? ¿O….?

Una cosa era cierta: Si el Hijo de Dios estaba allí disfrazado, no era probable que pudieran reconocerlo. De modo que empezaron todos a tratarse con respeto y consideración. “Nunca se sabe”, pensaba cada cual para sí cuando trataba con otro monje, “tal vez sea éste…”

El resultado fue que el monasterio recobró su antiguo ambiente de gozo desbordante. Pronto volvieron a acudir decenas de candidatos pidiendo ser admitidos en la Orden, y en la capilla volvió a resonar el jubiloso canto de los monjes, radiantes del espíritu de Amor.

Un mensaje entre la vida y la muerte

Mensaje de agradecimiento y valor a la vida de Gabriel García Márquez escrito después de su diagnóstico de cancer linfático.

“Si por un instante Dios me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.

Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiria poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.

Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida….
No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.

A los hombres les probaría cuán equivocados están, al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres…

He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña.
Sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que cuando un recien nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.

He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden
dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.”

El violinista

Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha.

Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha.

En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos..

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un violín tasado en 3..5 millones de dólares. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

Esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?

Un ardiente «Dios te salve » le salva la vida


En una fragata, durante una misión, se descubre, sin duda a la salida de un combate, la ausencia reciente de un marinero miembro del equipaje. Como sucede siempre en estas circunstancias, la búsqueda fue organizada inmediatamente en dirección a todas las orillas hasta tener que aceptar la evidencia: el ausente había caído al mar.

El comandante, entonces, anula la misión, manda dar media vuelta y rehacer el camino recorrido en las últimas horas, la zona explorada es cada vez mayor, tanto como la duda que invade a los centinelas desde la pasarela del barco y el desaliento del personal a bordo.

Cadiou, responsable de maniobrar el torno de salvamento, desde su lugar posee una vista parcial del océano. Después de varias horas de búsqueda infructuosa, observa con consternación que el sol se acerca al horizonte, pues sabe muy bien que un hombre sin chaleco-salvavidas no puede resistir mucho tiempo en la superficie.

Invadido por un sentimiento de impotencia y desesperanza, piensa súbitamente que lo que es imposible al hombre no lo es para Dios. Le dirige entonces una ardiente oración a la Virgen María, y en su interior formula un «Dios te Salve».

Murmuraba las últimas palabras de la oración de los humildes, cuando un punto minúsculo entre dos olas le llama la atención. Sin mayor seguridad, le pide al piloto orientar el barco en esa dirección.

A medida que avanzan en la dirección indicada, primero la duda, luego una esperanza loca se apodera del equipaje y pronto la realidad se impone, se trata ciertamente del náufrago, todavía vivo aunque muy extenuado. Rescatarlo no será una dificultad para el equipaje bien entrenado en estos asuntos.

Las circunstancias de su rescate contadas en corro por Cadiou no suscitarían la burla de sus camaradas, pues el desafío que representó el increíble desenlace era demasiado inesperado.

Relato de Jean-Louis Lefèvre, oficial de la marina de reserva

Dios tuvo un sueño

La “carne inocente y vulnerable de quien no tiene defensa” despierta y atrae el apetito de la cobardía y la mediocridad Y Dios tuvo un sueño de un paraíso con seres humanos viviendo en fraternidad y honrando su Presencia con un culto de amor. Dios tuvo un sueño en el que todas las criaturas tendrían un espacio y libertad de realización. Pero de pronto se encontró con un hombre camino al Calvario, cayendo y levantándose al subir las empedradas calles de Jerusalén con su cruz a cuestas. A empujones y gritos de “crucifícalo”, la misma masa de gente que había comido de los panes multiplicados, se saciaba voraz y sádicamente del espectáculo de un hombre todo hecho golpes y sangrando que luchaba por mantenerse en pie y llegar al lugar de tormento. En Dios no hay tiempo; todo es presente, y al ver frustrado su sueño, su infinito amor lo llevó a entregar a su hijo, tan Dios como Él, a la dimensión contaminada de la muerte por nosotros, los pecadores, y desde aquí realizar el proyecto de una nueva civilización del amor y salvarnos. Encarnarse, el hacerse Dios hombre, implica asumir toda la realidad nuestra menos el pecado, pero sí sus consecuencias, y sufrir, temer, cansarse y llorar, creer y no ver resultados y caminar y caer, volver a empezar, sentirse rechazado y aún así amar y volver a amar. Jesús de Nazareth hecho guiñapos era el centro de diversión de gentes que desahogaban en Él sus frustraciones y odios. Su cara irreconocible por la hinchazón de los puños de sus torturadores, con sangre, sudor y tierra del camino es por un momento acariciada y limpiada por las suaves manos de una joven audaz y valiente que rompió el cerco de los soldados con su candor y vigor. Jesús pudo, gracias a eso, ver con más claridad y observó el rostro inocente de esta mujer y la cara arrogante de los soldados invasores de Israel y las expresiones de odio contra él de la multitud. Pudo reconocer gentes que anteriormente se gozaban de sus enseñanzas y se maravillaban de sus milagros, ahora transformados en furiosos depredadores. La “carne inocente y vulnerable de quien no tiene defensa” despierta y atrae el apetito de la cobardía y la mediocridad. No veía a sus apóstoles; habían huido y solo un grupo de mujeres de Jerusalén que lloraban tras él, entre ellas su madre, lo seguían subiendo las escaleras angostas hacia las murallas. Y Dios tuvo un sueño donde todos nos ayudaríamos a ser mejores y brindaríamos nuestro servicio desinteresado por amor a los demás. Y vio por las calles de Jerusalén a los fariseos y doctores de la ley y los sacerdotes del templo, orgullosos del trabajo hecho y gozando del suplicio dado a este hombre que “se había creído Dios” y “que era un impostor y loco”. Y vio a Pilato en su palacio tragando vino y diciéndose: “era mi pellejo o su vida… no tenía otro camino”. Y Dios vio a los apóstoles huyendo y escondiéndose por temor a perder la vida, y vio a Judas ahorcándose por no creer en la Misericordia de Dios. Y Dios tuvo un sueño donde todos sus hijos e hijas nos honraríamos y nos ayudaríamos a levantarnos y crecer; y vio a su Hijo Único siendo levantado en una cruz y colgado del madero, objeto de burla y desprecio. Pero vio a un grupo de mujeres valientes, entre ellas a la madre de Jesús al pie de la Cruz, jugándose la vida y acompañando en esos momentos al Varón de Dolores. Vio a su Hijo elevando su débil voz al cielo y pidiendo perdón para sus asesinos porque “no sabían lo que hacían. Tengo sed… de amor y comprensión, pero no hay quien calme mi sed. Dios mío, ¿por qué me has abandonado?… Ya no te escucho ni te siento, qué lejos estás. No me dejes solo.” Era parte de la pasión experimentar la soledad de los pecadores que se han apartado de Dios. Tenía que pasar por eso y sentirse sólo sin Dios siendo Dios. Y morir y experimentar el Gran Silencio junto con los muertos que desde Adán ansiaban la salvación. Desde allí esperar ser resucitado por su Padre. Es el momento de la total impotencia, de sentir la nada, que eso es ser hombre sin la acción vivificadora de Dios, porque de Él dependemos para ser y existir. El que era y es Dios, el que hizo milagros tan grandes como resucitar a otros, ahora está allí (sin dejar de ser Dios) reducido a la total aniquilación de toda vitalidad y poder. La muerte de Cristo nos revela hasta dónde llega el Amor Misericordioso de Dios que se identifica con nosotros totalmente. Y Dios tuvo un sueño que tampoco se cumplió porque los poderes dados, que no son más que oportunidades de servicio que se concede a algunos para ayudar a otros, se convirtieron en dioses. El poder religioso del tiempo de Jesús lo condena a muerte “en nombre de Dios”, porque Jesús representaba un cambio total en la concepción religiosa y les hacía tambalear su posición e instalación. Jesús nos hizo ver que Dios no se deja amarrar ni controlar por ritos y espacios sacros, sino que lo podemos encontrar siempre y en cualquier lugar, si somos adoradores en espíritu y verdad. La ley y el templo eran en la práctica más importantes que Dios y estaban al servicio de un minúsculo grupo de estudiosos de la ley y especialistas del rito. El poder político que estaba centrado en el César y en el Imperio Romano vio en Jesús otra amenaza más a la estabilidad y seguridad e inclusive a las divinidades, y por eso hay que hacerlo desaparecer. El poder económico no olvidaba la expulsión de los mercaderes del Templo y la gran posibilidad de que Jesús les arruinara el negocio de “salvación” por compra de animales y su sacrificio. Y el “príncipe de las Tinieblas” se gozaba del espectáculo porque había podido envenenar las mentes de tanta gente y creía que con eso la Maldad había vencido a la Bondad. Y Dios tuvo un sueño, porque no ha dejado de tenerlos, donde nosotros seguimos al Maestro con nuestra Cruz a cuestas por los caminos de la vida sin los apegos a poderes y estructuras de pecado, siendo los gestores gracias al Espíritu de una nueva humanidad, donde servimos a los demás con amor y vivimos en fraternidad. Donde agradecidos a lo que otros han hecho por nosotros nos alegramos de su felicidad y pagamos con amor nuestras deudas de caridad. Dios tuvo un sueño y la realización del mismo somos nosotros, que también debemos llegar al Calvario y dejarnos colgar en la pasión de la entrega por amor a los demás. En ese sueño, como Jesús, abrimos los brazos y aceptamos ser hermanos de toda la humanidad y entregamos la vida por un mundo mejor. Y gracias al poder de Dios resucitaremos como resucitó Jesús. ¡Somos el sueño de Dios!

Reflexiones para SEMANA SANTA

1Ya que estamos en Semana Santa, me gustaría hacer un alto en el camino, y por esta única semana no escribir uno de mis artículos para vivir mejor, sino más bien copiar el resumen de un texto que suelo leer los Viernes Santos que se llama Via Crucis para recordar todo lo que se hizo por nosotros en estas fechas. Esto porque muchos de nosotros esperamos este fin de semana para planear vacaciones, tomarse un merecido descanso, relajarse, divertirse, lo cual puede que esté bien, pero lo malo es que no nos acordamos que es feriado justamente porque tiene un significado especial que va más allá de ver como la pasamos bien este fin de semana. 

A continuación copiaré varios pensamientos escritos por San Josemaría, en los que va narrando lo que ocurrió en lo que se conoce como La Pasión, el primer Viernes Santo. Me han ayudado muchísimo a mejorar sobre todo cuando pasaba por un problema serio o una tristeza grande.  

  • Jesús ora en el huerto: Dios es mi Padre, aunque me envíe sufrimiento. Me ama con ternura, aun hiriéndome. Jesús sufre, por cumplir la Voluntad del Padre… Y yo, que quiero también cumplir la Santísima Voluntad de Dios, siguiendo los pasos del Maestro, ¿podré quejarme, si encuentro por compañero de camino al sufrimiento?

  • ¿No es verdad que en cuanto dejas de tener miedo a la Cruz, a eso que la gente llama cruz, cuando pones tu voluntad en aceptar la Voluntad divina, eres feliz, y se pasan todas las preocupaciones, los sufrimientos físicos o morales? Es verdaderamente suave y amable la Cruz de Jesús. Ahí no cuentan las penas; sólo la alegría de saberse corredentores con Él.

  • Cuanto más seas de Cristo, mayor gracia tendrás para tu eficacia en la tierra y para la felicidad eterna. Pero has de decidirte a seguir el camino de la entrega: la Cruz a cuestas, con una sonrisa en tus labios, con una luz en tu alma.

  • Hay en el ambiente una especie de miedo a la Cruz, a la Cruz de Jesús. Y es que han empezado a llamar cruces a todas las cosas desagradables que suceden en la vida, y no saben llevarlas con sentido de hijos de Dios, con visión sobrenatural.

  • A veces la Cruz aparece sin buscarla: es Cristo que pregunta por nosotros. Y si acaso ante esa Cruz inesperada, y tal vez por eso más oscura, el corazón mostrara repugnancia… no le des consuelos.

  • Por ver feliz a la persona que ama, un corazón noble no vacila ante el sacrificio. Por aliviar un rostro doliente, un alma grande vence la repugnancia y se da sin remilgos… Y Dios ¿merece menos que un trozo de carne, que un puñado de barro?

·         2Si somos almas de fe, a los sucesos de esta tierra les daremos una importancia muy relativa, como se la dieron los santos… El Señor y su Madre no nos dejan y, siempre que sea necesario, se harán presentes para llenar de paz y de seguridad el corazón de los suyos.·         Aprende a mortificar tus caprichos. Acepta la contrariedad sin exagerarla, sin aspavientos, sin… histerismos. Y harás más ligera la Cruz de Jesús.

  • ¡Cuánto cuesta llegar hasta el Calvario! Tú también has de vencerte para no abandonar el camino… Esa pelea es una maravilla, una auténtica muestra del amor de Dios, que nos quiere fuertes, porque la virtud se fortalece en la debilidad.

  • Del pretorio al Calvario han llovido sobre Jesús los insultos de la plebe enloquecida, el rigor de los soldados, las burlas del sanedrín… Escarnios y blasfemias… Ni una queja, ni una palabra de protesta. Tampoco cuando, sin contemplaciones, arrancan de su piel los vestidos. Aquí veo la insensatez mía de excusarme, y de tantas palabras vanas. Propósito firme: trabajar y sufrir por Jesús, en silencio.

  • A ti que te desmoralizas, te repetiré una cosa muy consoladora: al que hace lo que puede, Dios no le niega su gracia. Nuestro Señor es Padre, y si un hijo le dice en la quietud de su corazón: Padre mío del Cielo, aquí estoy yo, ayúdame… Si acude a la Madre de Dios, que es Madre nuestra, sale adelante.

  • Pero Dios es exigente. Pide amor de verdad; no quiere traidores. Hay que ser fieles a esa pelea sobrenatural, que es ser feliz en la tierra a fuerza de sacrificio.

  • Los verdaderos obstáculos que te separan de Cristo –la soberbia, la sensualidad…–, se superan con oración y penitencia. Y rezar y mortificarse es también ocuparse de los demás y olvidarse de sí mismo. Si vives así, verás cómo la mayor parte de los contratiempos que tienes, desaparecen.

  • Antes de empezar a trabajar, pon sobre tu mesa o junto a los útiles de tu labor, un crucifijo. De cuando en cuando, échale una mirada… Cuando llegue la fatiga, los ojos se te irán hacia Jesús, y hallarás nueva fuerza para proseguir en tu empeño. Porque ese crucifijo es más que el retrato de una persona querida –los padres, los hijos, la mujer, la novia…–; Él es todo: tu Padre, tu Hermano, tu Amigo, tu Dios, y el Amor de tus amores.

Dios conoce a los que le aman…

“Transformado por el amor”

paisaje-11“Dios conoce a los que lo aman sinceramente, porque cada cual lo ama según la capacidad de amor que hay en su interior.  Por tanto, el que así obra, desea con ardor que la luz de este conocimiento divino penetre hasta lo más íntimo de su ser, llegando a olvidarse de sí mismo, transformado todo él por el amor.

El que es así transformado vive y no vive, pues mientras vive en su cuerpo, el amor lo mantiene en un continuo peregrinar hacia Dios; su corazón encendido en el ardiente fuego del amor, está unido a Dios por la llama del deseo y su amor a Dios lo hace olvidarse completamente del amor a sí mismo, del egoísmo…”